Lobos con piel de oveja.
La vida moderna está montada sobre las relaciones públicas y las apariencias. A menudo, el trabajo nos obliga a disfrazarnos, impidiendo que nos mostremos tal y como somos. Por eso, cuando llega la noche son muchos los que necesitan expresarse de una manera más instintiva, y de repente te encuentras con que aquel tipo gris y anodino de la oficina está cruzando la puerta del bar vestido “para matar” y con aire de suficiencia… ¿Pero ese no es Manu? Joder con el contable! … mmm ¿no estaba casado?
Como si la noche nos convirtiera en otros seres, nos vemos envueltos en una representación colectiva en la que los diálogos se desarrollan con gestos, miradas y contoneos; en la que cada uno tiene asignado su papel. Así, nos encontraremos al ligón de turno sacando pecho y siempre mirando de cara a su víctima. Veremos a unas cuantas jovencitas danzando su ritual de apareamiento en mitad de la pista a modo de reclamo, mientras giran y giran delante de los ligones (por dios, qué mareo). Comienza entonces una leve conversación visual. Que si te como con los ojos, que si dejo caer la mirada hasta donde quiero que mires tú, que si un guiñito a tiempo acompañado de una sonrisa picarona… En fin, el mismo coñazo de siempre.
Por la boca muere el pez.
Una vez superado el primer trámite llega el acercamiento, las “primeras palabras”. Es curioso la cantidad de tonterías que se pueden llegar a decir y preguntar por tratar de ser original. ¿Dónde quedó aquello de presentarse y preguntar por su nombre? La cosa se ha puesto tan sofisticada que cuando se te acerca alguien no sabes si te va a entrar preguntándote qué mes del año te gusta más o si sabes qué esconde en la mano... ¿Un manual sobre cómo entablar una conversación? Y claro, toda la magia pre-verbal… al carajo. Atención, ligones y ligonas del mundo, si no tenéis nada mejor que decir, basta con invitar a una copa. ¿Tan difícil es de comprender?
Aunque estas conversaciones parecen fortuitas, en realidad los seductores profesionales han hecho todo un trabajo de campo. Se han situado estratégicamente en el local y han observado a su víctima. Han estudiado el tipo de persona que puede ser para saber cómo empezar la conversación (de lo que se deduce que si alguien te entra con una frase estúpida como las que mencioné antes, de profesional no tiene un pelo). Cuando ya han procesado todos los datos y han realizado su particular tesis doctoral, estos sociólogos del amor provocan el primer intercambio de frases en la barra, en la cola del cuarto de baño, cerca del futbolín o el billar…
En estos casos lo mejor es preguntarse si tendrían tanto desparpajo en un bar que no fuera éste. Porque ocurre que algunos casanovas y mataharis de tres al cuarto sólo lo son cuando están en su bar de toda la vida, bien arropaditos, y en cuanto les sacas de su “habitat natural” todo su arranque seductor se desvanece y se hacen chiquititos y discretitos…
En realidad, el buen ligón/ligona sabe mimetizarse con el ambiente y conoce la manera de “entrar” a cada tipo de víctima; son auténticos estudiosos y conocen lo que va buscando cada presa, el tipo de música que le gusta, el tipo de libros y películas que lee y ve, y adaptan su conversación a cada tipología.
Mareando la perdiz.
Sin embargo, hoy en día, este tipo de ligones profesionales están más que vistos, por lo que es posible que ni siquiera tenga la oportunidad de exponer sus credenciales o, como mucho, que le dejen desarrollar su papel durante un tiempo, como recreación. También por eso han ido surgiendo como setas los originales absurdos de los que hablaba antes. Vamos a ver, la cosa es muy sencilla. Si te presentas de manera natural y te dan calabazas, no es porque tu estrategia sea mala, sino porque no le interesas. Acéptalo!!! Ir de original preguntando excentricidades sólo te va a llevar a que además de calabazas de lleves por delante una bordería o una risotada imposible de disimular. ¿De verdad quieres eso?
En esta vida, la única opción que tenemos es ser nosotros mismos. De hecho, quienes más ligan son los que llevan su personalidad hasta las últimas consecuencias, disfrutando con el juego y dándole la importancia justita a los resultados que pueda obtener. ¿Qué no ligaron? Bueno, al menos se lo pasaron bien. ¿Qué ligaron? Perfecto, no tuvieron que darle vueltas a la cabeza, dibujar mapas e inventarse frases antológicas.
En un garito, en el metro, a las doce de la noche o a las cuatro de la tarde, no hay mujer ni hombre más atractivos que los que son tal como son y se aceptan y se gustan sin caer en la baba narcisista. ¿Por qué triunfan? La razón es que, al final, por más que la noche sea el espacio para soñar, todo el mundo sueña con alguien que sea de verdad y no, únicamente, como Cenicienta, hasta que suenen las campanadas.
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