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La primera cita
La prueba de fuego: el momento del cara a cara. El momento fantaseado se acerca... y tienes ganas de escapar, o de que pase rápido y en el siguiente pestañeo ya estéis fumando el cigarro de después, completamente relajados...

¿Qué haces? ¿Qué actitud llevas? ¿Tengo que intentar algo?

Las expectativas. Ese es el gran problema de las primeras citas. Esperas que sea como imaginas, esperas ser como imagina. O, mejor, no esperas nada y todo lo que venga por sorpresa será bienvenido. Aunque ésa es la opción idónea, para ello hay que tener los nervios de acero; y una hora antes de encontrarte con tu ligue tendrás de todo menos tranquilidad. Porque si él te gusta, querrás que se produzca la chispa que te lleva a una relación amorosa-sexual y, si te gusta ella, querrás también que se produzca la chispa que te lleve a esa relación…
sexual-amorosa.


Pero no es lo mismo la primera cita de dos compañeros de clase o de trabajo, que se conocen y por primera vez van a estar solos sabiendo que la razón es la atracción mutua; que dos adolescentes o adultos que se han enrollado hace dos noches... e incluso se han ido a la cama... Por último, quedan esas fantásticas citas a ciegas. Sí, ésas en las que según vas llegando al sitio en el que habéis quedado te preguntas por qué harás caso a tu amigo, que siempre te mete en estos berenjenales…

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Cita a ciegas.
Si se trata de una cita a ciegas, lo mejor es no esperar nada, incluso aceptar la velada como un estudio sociológico. A saber qué hay de cierto en lo que te contaron sobre sus gustos y su forma de ser. A saber si a la media hora quieres salir corriendo o esperas que la noche no se acabe nunca. En estos casos lo mejor es arreglarse para uno mismo y sentirte un poco prota de esas telecomedias en las que, lo peor que te puede pasar, es que te estés riendo una semana del desastre. Eso sí, recuerda que es amig@ de tu amigo: si la cosa funciona no te olvides de darle las gracias. Y si te pasas la noche sonriendo mientras piensas a qué hora te deberías acostar para madrugar mañana y llevar el coche al taller o hacer la compra… no des largas y sé cariñoso en tu negativa. Después ve a esperar a tu amigo a su portal. Cuando llegue oblígale a que te invite a una borrachera y, cuando no podáis sosteneros en pie, exígele que jure por lo más sagrado que de aquí en adelante cuando no tenga nada mejor que hacer, se dedique al encaje de bolillos.

¿Será tan bueno... hablando?
Si has invertido el orden y tu primera cita va justo después del primer revolcón te enfrentas a una delicada incógnita. ¿Qué tendréis en común, aparte de haber compartido fluidos? A menos que en la conversación precoital os hicierais una radiografía o consultarais una bola de cristal, en realidad, todo lo más que sabes de tu cita es cómo funciona en la cama. Que, oye, si eso es todo lo que necesitas saber, fantástico, ¿y por qué no volver a nuestros antepasados los simios? Después de todo sólo nos separan un par de cromosomas, y uno no puede estar en todo, no? Pero si quieres conocerl@ para saber si habrá algo mas, entonces tendrás que asumir que quizás sin la cerveza de por medio el chico ya no es tan salado, sin la música y el baile, ella ha perdido gracia... si es así, acabarás mirando el reloj como si estuviera estropeado y, como mucho, volveréis a enrollaros (cosa que, por otra parte, tampoco está mal –que te quiten lo bailao-). Pero si resulta que te gusta tanto como aquella noche, entonces no tardes demasiado en hacérselo saber. No, no me refiero a eso… digo con palabras. Puede que ahora lo que haga falta sea dejar a un lado los trabajos manuales y optar por la comunicación tradicional. Demuéstrale que te interesa también en la postura vertical y proponle un plan “sin colchón”. Si acepta puede que estés en el principio de una bonita historia. Si te da calabazas…. Bueno, a lo mejor no es tan especial como tú creías, y mira, siempre os podéis despedir igual que os conocisteis...


¿Dónde está la diferencia?
Tienes una primera cita con un compañero de la universidad al que ves todos los días y con quien “traficas” con libros y apuntes. O con un compañero de trabajo al que cada mañana ves llegar con cara de no haber despertado. Si has aceptado es porque el deseo ha ido creciendo y, como ya le conoces, los dos sabéis que os gustáis. Sabéis lo que va a ocurrir. Entonces, ¿cómo me comporto? Bueno, lo primero que tienes que saber es que no quiere hablar ni de las asignaturas de la universidad ni del capullo de tu jefe, así que si te quedas en blanco te aguantas las ganas de ir a lo fácil, entendido? Quiere saber más de ti, y tú también quieres saber más, así que, ya que estáis en un ámbito diferente, procura que también sea diferente la conversación. Y si te entran los nervios siempre puedes hacer como Woddy Allen en una de sus pelis: nada más llegar le plantas un beso en los morros y le dices. Bueno, ahora que nos hemos quitado de encima lo del beso, ya podemos hablar más relajadamente…

Cosas que debes saber.
Al principio, es decir, durante años, te pones de los nervios porque tienes muchas expectativas; y una vez que te das cuenta de que nada sale cómo uno lo planea, se puede cometer justo el error contrario, ir tan relajado que parece que pases del otro/a. Ni lo uno ni lo otro es lo correcto: una cosa es no caer en un ataque adolescente de histeria y en la actividad mental que te paraliza y te hace parecer un gilipollas; y otra es llegar a la cita como el que va al mercado a por cuarto y mitad de pollo. Es decir, “guapearse” y dar lo mejor de uno mismo es perfectamente lícito en todo momento, cuanto más, si tratamos de seducir a otra persona. No te agobies porque el otro se de cuenta de que quieres gustarle. Vamos a dejarnos de tonterías, ¿para qué habéis quedado si no?

Pero tampoco te conviertas en alguien que no eres para deslumbrar al de enfrente. A menudo los tíos se las dan de ocurrentes, o de tipos duros. Y resulta bastante ridículo, la verdad. En cuanto a ellas, ¿qué necesidad hay de saber cuántos novios han tenido antes? Si permites o provocas que la primera cita se convierte en una lucha de egos… no sé si “mojarás” o no, pero desde luego, la siguiente vez que os veáis tendrás que mantener esa mentira, y es tan cansado aparentar…
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Capítulo siguiente: EL PRIMER BESO.
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