El momento perfecto.
Para disfrutar de la primera llamada… sí, he dicho disfrutar. Ya sé que has medio marcado el número unas doce veces a lo largo de los dos últimos días y que al final has vuelto a colgar porque no sabías cómo empezar la conversación… ¿te crees que sólo te ha pasado a ti? Bueno, como decía, para disfrutar de la llamada, hay ciertas cosas que debes tener en cuenta:
Lo mejor es no preparar absolutamente nada. Ya sabes que te gusta, y también que le gustas (si no, te habría dado un número falso, no?). Los dos daréis rodeos sobre cuándo y cómo quedar y, entremedias, recordaréis algo gracioso del día que os conocisteis, os preguntaréis dónde estáis en ese instante y al contestar aprovecharéis para hacerle ver el trabajo tan chulo que tenéis o la gran vida social que os traéis entre semana…si en el fondo somos todos lo mismo… ¿Para qué te vas a preparar unas tarjetitas con los temas que crees que debes tocar? Que esto ya no es el cole, por dios!!
Bien, una vez que te ha quedado claro que la improvisación tiene mucho encanto, lo que sí puedes hacer es asegurarte de que en medio de la llamada no cruce la calle un camión de bomberos haciendo un ruido espantoso con su sirena, o que tu jefe te pegue un grito o… que te oiga tirar de la cadena!! Lo suyo es que busques un lugar tranquilo y que sepas con seguridad que dispones del tiempo que necesitas para hablar con ese ligue telefónico. Y, por favor, si te pones nervios@ intenta no dar demasiados paseos por la habitación porque sé de más de uno que ha tenido que colgar porque se encontraba mareado… y, francamente, dar luego explicaciones es bastante bochornoso…. Tampoco le hagas proposiciones mientras caminas a coger el autobús. ¿Te has fijado que cuándo llamas a tu madre mientras caminas siempre te pregunta si te pasa algo porque te está oyendo jadear? Y tu ligue no es tu madre, verdad? Y no va a pensar que si jadeas es porque caminas, verdad? Pues eso.
Un foniatra, por favor...
En cuanto a la voz, es inevitable que nuestra garganta se ría a costa de nuestros nervios y nos juegue malas pasadas. Acepta que se te escapará algún que otro balbuceo, que tartamudearás cuando menos te lo esperes y que, en el peor de los casos, te saldrán un par de “gallitos”. No pasa nada, seguramente a tu ligue le provocarás cierta ternura y, sin darte cuenta, habrás logrado que desaparezca parte de la tensión, porque se dará cuenta de que estáis igual de nerviosos y terminaréis por reíros de ello. Eso sí, nada de gases…
Otra cosa de la que no solemos darnos cuenta, es que cuando sonreímos, el que está al otro lado del teléfono se da cuenta. Parece una tontería, pero funciona. Prueba a llamar antes a un par de amigos. A uno con una sonrisa de oreja a oreja y al otro con la cara seria. Te sorprenderán sus reacciones. Una vez que hayas comprobado el poder de tu sonrisa aplícalo a esa primera llamada, disfruta y sonríe o, por lo menos, suelta el ratón de la mano y deja de mirar a la pantalla, que así no hay quien se centre.
El gran objetivo.
Seas tú o tu ligue quien ha hecho la llamada, eres plenamente consciente del motivo, verdad? Pues tampoco hace falta que vayas tan directo al grano como un cardo borriquero. Expláyate un poquito antes de sugerir una cita, que la conversación sea digna de recordar por sí misma, y no un mero trámite. Tampoco te crezcas y le cuentes tu vida porque un párrafo largo es la mejor oportunidad para que el otro desconecte y aproveche para comprar un kilo de aguacates en el mercado mientras oyes un lejano “aha”, “claro”…. Mejor frases cortas y texto “picado”. Una especie de coreografía verbal en la que los dos tengáis que “mojaros” por igual. En el fondo, todos sabemos perfectamente cuándo una conversación fluye, pero si esta vez tienes que tirar un poco del asunto, tampoco te desanimes, ya hemos quedado en que el teléfono no es la mejor manera de seducir…
Que tires de la conversación no significa que te entre el “horror vacui” y trates de rellenar los silencios a toda costa. Esos silencios pueden equivaler a una mirada intensa, unas mejillas sonrojadas o una caricia, y si te entran las prisas y se convierte en un diálogo atropellado tipo hermanos Marx, cuando cuelgues ni tú ni tu ligue sabréis exactamente qué ha pasado. Respeta y saborea los silencios… siempre y cuando el silencio no se produzca tras la pregunta “¿te apetece que nos veamos?”…
Por último, quisiera dejar bien claro un concepto, sobre todo para los que “reciben” esa primera llamada. A ver; que sea el otro el que llama, no significa que le tengas a tus pies, que puedas ser borde o ir de autosuficiente. Mejor recíbelo como un regalo, porque en realidad quien te ha llamado ha sido más valiente que tú, ha peleado porque quiere algo y, con su actitud, logrará bastante más que si se queda esperando… cambia la visión, verdad?
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