La globalización es lo que tiene. Que si becas Erasmus, que si intercambios culturales y universitarios, movilidad en el trabajo, inmigración para buscar un futuro mejor....
si te atrae lo exótico, estás de suerte, porque el planeta es, cada vez más, un lugar de encuentro. Y si no eres capaz de celebrar la riqueza que supone el mestizaje entonces deberías dejar de leer este capítulo. Es más, deberías dejar de leer este manual y encerrarte en casa porque, entérate bien, nadie es igual a ti, y precisamente eso es lo que hace maravilloso las relaciones: disfrutar tanto las diferencias como lo que nos une. ¿Entendido? Bien, una vez aclarado que a estas alturas ser racista es una estupidez y un anacronismo, descubramos las bondades del ligoteo intercultural. 
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Otros mundos.
A todos nos atrae lo desconocido. Cuando echamos el ojo a alguien nos intriga saber cómo será e incluso le atribuimos todas las cualidades que nos gustaría encontrar. Es un mundo por descubrir y ese misterio nos hace despertar al “Doctor Livingston” que llevamos dentro. Y si esto ocurre con alguien que haya nacido y crecido a veinte kilómetros de tu casa, podemos hacernos una idea de cómo se nos disparan las expectativas cuando al preguntarle cómo se llama te contesta con una palabra que no habías oído en tu vida!
La cuestión es ¿sirven mis estrategias (si es que las tengo) para ligar también con este “pivón” de nombre impronunciable? Ese temor a veces nos lleva a provocar situaciones extremas y completamente ridículas. Tiene tan poco sentido esperar que conozca los dibujos animados de tu infancia o la última gracieta del famosillo nacional de turno; como hacerle un tercer grado sobre los usos y costumbres de su país. Qué eres, ¿antropólogo? No te pongas plasta.
Los códigos del amor.
Lo suyo es encontrar la justa medida entre la curiosidad por el mundo desconocido que representa y la cercanía de el código común que utilizáis. Y eso es precisamente lo primero que tienes que saber, cuál es su código. Me explico. Si a alguien de Suecia le agarras por la cintura para bailar merengue le entrarán los siete males, se sentirá invadido y magreado y saldrá escopetado pensando que quieres abusar de su cuerpo. En cambio, si a alguien de un lugar más cálido le planteas una conversación de hora y media sobre la raíz etimológica de las palabras de vuestro idioma... no le volverás a ver en la vida. (en realidad, si una persona te plantea una conversación de hora y media sobre raíces etimológicas, sea de donde sea... SAL CORRIENDO!!). Las cosas son como son, y no se trata de estereotipos, pero lo cierto es que cada cultura tiene su manera de relacionarse. Europa y América del Norte se llevan la palma con eso de la conversación, y costará un poco más de tiempo y de sutileza hacerle saber que quieres hacer algo más que hablar, pero para llegar a eso tendrás que ganártelos con la palabra, y no precisamente con zalamerías fáciles. En cambio, los latinos saben decir cosas con el vaivén de sus caderas y tendrás que invadir literalmente su espacio vital para que entiendan que lo que quieres no es que te dejen pasar para ir a la barra del bar... Por su parte, los originarios del extremo oriente tienen su propio código, en el que los pequeños gestos dicen mucho, así que lo mejor es observar primero para reconocerlos. Todo esto implica que, según de quién vengan, los gestos pueden tener un significado diferente. Si te toma de la mano alguien de sangre caliente, no te emociones, pero si lo hace alguien que viene del frío ve preguntándote si la ropa interior que llevas hoy es la bonita.
¿Love is in the air?
Un buen truco para conectar con alguien de otro origen es saber un poco del “inconsciente colectivo” de su país. Parece una tontería pero la situación de la sociedad en la que vives puede invitarte o no a ligar más o menos.
Las épocas del año, el clima, cómo va el equipo de fútbol, las series de televisión, la situación económica y social (a menudo las crisis y los golpes colectivos nos llevan a posturas menos conservadoras y más vitalistas, nos enseñan a vivir más el “ahora” sin meter tanto intelecto a lo que sentimos). Conocer estos datos te puede ayudar a comprender mejor a tu ligue extranjero y “agilizar el acercamiento”. Aparte del rollito exótico y de identificar sus códigos de lenguaje, lo más importante es disfrutar de las diferencias y buscar lo que tenéis en común. En realidad, poco importa dónde haya nacido, el color de su piel o su idioma, lo que determinará que se produzca la chispa serán cosas tan universales como a qué se dedica, el nivel de estudios, el sentido del humor, la edad... es decir, los mismitos criterios que empleamos para alguien de nuestra propia cultura (porque no vamos a ir ahora de hermanita de la caridad, todos tenemos nuestros criterios). De hecho, si tu posible ligue te parece más raro que un perro verde, no lo pases por alto pensando que es por su cultura, no te engañes. Simplemente, es un friqui. Y los friquis son lo mismo en Pernambuco que en Estambul. ¿o te crees que la globalización sólo es para algunos? Sea como sea, tampoco te agobies pensando que tienes que hacer un máster en sociología para poder “echar una cana al aire” con el pivón exótico que hay en la pista de baile. En el fondo todos somos lo mismo y, si dejas brotar lo que sientes y deseas con “cierta armonía” al “pivón” le llegará alto y claro. Y esto sólo tiene una lectura: o le gustas o te da calabazas, igualito que con tu vecina.
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